¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,

y el que no tenga dinero, venga también!

Is 55,1

Jesús vio una gran muchedumbre y,

compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.

Mt 14,13-21


Por el p. Julio Cura omv

Buen domingo hermanos y hermanas en Cristo sanador.

La primera lectura de la Palabra de Dios de hoy nos dice: “¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David” (Is 55,1-3).

Este mensaje del Padre bueno, transmitido por el profeta Isaías resuena hoy, en un momento de mucho sufrimiento y carencias causadas o agravadas por la prolongada pandemia y tendrá su cumplimiento en Jesús, como leemos en el evangelio de hoy: “Al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie”.

Aquí nos preguntamos ¿por qué lo siguen? ¿Qué encontraba la gente en Jesús para dejar sus casas y seguirlo? Él mismo da la respuesta: vio una gran muchedumbre y compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.

Jesús conoce el dolor, la tristeza, los desengaños. Él sabe lo que es cargar la cruz de la enfermedad, no sólo del cuerpo sino también la del corazón y por eso dice que vengan a mí los que están afligidos y agobiados y los aliviaré. Pero Jesús da un paso más: levanta su mirada al cielo, bendice al Padre, le agradece por los pocos panes y pescados que juntaron sus discípulos, los multiplica y los distribuye a la gente que lo venía siguiendo: todos se saciaron con el pan que partió el Señor.

Aquí se cumple el llamado del profeta Isaías que citamos al principio: son los pobres y desamparados, que no tienen con qué pagar, los invitados a comer gratuitamente y tomar vino y leche de balde.

Sin embargo, no acaba aquí el cumplimiento de las palabras del profeta. Jesús no sólo muestra que puede hacer grandes cosas por el hombre, sino que las hace porque lo ama. Sí, porque nos ama. Sólo el amor puede olvidarse de sí mismo y saciar los corazones de los que no tienen con qué pagar.

Pero, por otro lado, ¿quién puede pagar la bondad del Señor? ¿Acaso, no somos nosotros mismos parte de esa multitud de enfermos y necesitados que también hoy buscan ser amados por el único que puede abrir su mano y saciar de favores a todo viviente?

¿Cómo responder a tanto amor? Amor, con amor se paga.

También nosotros que tendemos la mano para recibir, estamos llamados a abrirla para compartir y ser protagonistas de la antigua profecía de Isaías. El mismo Señor que sanó a los enfermos y partió el pan para saciar a la multitud nos sigue sanando y multiplicando el pan de cada día en estos días de prueba.

¿Cómo? A través de la generosidad de sus hijos/as en las parroquias, en los barrios, en los centros de salud, en toda iniciativa solidaria… y lo sigue partiendo hoy para cada uno de nosotros, dándonos el trigo y el vino preparado desde siempre por Dios: Él mismo.

Por último, en la profecía de Isaías resuena ese reproche que sólo el amor del Padre bueno puede hacer y va dirigido a todos, pero en particular a los responsables de las naciones, a las corporaciones, a los monopolios, a los especuladores con el dolor ajeno: ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? ¿Por qué siguen creando falsas necesidades cuándo sólo una es importante: salvar la vida? ¿Por qué no emplean sus riquezas para mitigar el hambre y el dolor de los más débiles?

Terminamos compartiendo estos sentimientos de Pablo: ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? … ni la muerte ni la vida… ni lo presente ni lo futuro… ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. A Él sea la alabanza, el honor y la gloria por siempre. Y que María de Nazaret nos cuide y nos proteja. Amén.

5 comentarios

  1. María del Carmen Paliza dice:

    Hermosa invitación a la generosidad!
    Dar…dar…dar…hasta que duela…como dice nuestra María de Calcuta!
    Qué difícil nos resulta a veces…y es la única manera de salir de este dolor.

  2. Jorge López dice:

    Queridos hermanos de la comunidad OMV, agradecer los envíos y reflexiones de cada domingo sobre Palabra de Dios La «serie» viene insistiendo sobre el bien y el mal, los enredos y desafíos que esto provoca y hoy Amor con amor se paga, en medio de esta pandemia, compartir y distribuir los bienes nos hace sentir con humildad y felicidad, que aquella semilla está dando frutos…. «es dando como se recibe». Pienso que esta sintetizado en el amor al projimo. Buen domingo 🙏

  3. Nora dice:

    Jesús, atento a nuestras necesidades nos sacia con su Amor.
    Ese Amor que nos enseña a ser generosos y a la vez, agradecidos.

  4. Maria rosa dice:

    Gracias Julio, en este momento de afliccion, trizteza, depresion, necesidad de abrazos, tus palabras son un balsamo de tranquilidad que calman el alma. Besos

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