<script></script>{"id":2658,"date":"2023-11-19T15:25:09","date_gmt":"2023-11-19T18:25:09","guid":{"rendered":"https:\/\/santuariosantarita.org.ar\/wp\/?p=2658"},"modified":"2023-12-21T20:18:05","modified_gmt":"2023-12-21T23:18:05","slug":"no-apartes-tu-rostro-del-pobre-tb-47","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/santuariosantarita.org.ar\/wp\/?p=2658","title":{"rendered":"\u00abNo apartes tu rostro del pobre\u00bb (Tb 4,7)"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>VII JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br>19 de noviembre de 2023<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u00abNo apartes tu rostro del pobre\u00bb <\/em>(<em>Tb<\/em> 4,7)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1. La <em>Jornada Mundial de los Pobres<\/em>, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por s\u00e9ptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez m\u00e1s el contenido central del Evangelio. Cada d\u00eda nos comprometemos a acoger a los pobres, pero esto no basta. Un r\u00edo de pobreza atraviesa nuestras ciudades y se hace cada vez m\u00e1s grande hasta desbordarse; ese r\u00edo parece arrastrarnos, tanto que el grito de nuestros hermanos y hermanas que piden ayuda, apoyo y solidaridad se hace cada vez m\u00e1s fuerte. Por eso, el domingo anterior a la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, nos reunimos en torno a su Mesa para recibir de \u00c9l, una vez m\u00e1s, el don y el compromiso de vivir la pobreza y de servir a los pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<em>No apartes tu rostro del pobre<\/em>\u00bb(<em>Tb<\/em> 4,7). Esta Palabra nos ayuda a captar la esencia de nuestro testimonio. Detenernos en el <em>Libro de Tob\u00edas<\/em>, un texto poco conocido del Antiguo Testamento, fascinante y rico en sabidur\u00eda, nos permitir\u00e1 adentrarnos mejor en lo que el autor sagrado desea transmitir. Ante nosotros se despliega una escena de la vida familiar: un padre, Tobit, despide a su hijo Tob\u00edas, que est\u00e1 a punto de emprender un largo viaje. El anciano teme no volver a ver a su hijo y por ello le deja su \u201ctestamento espiritual\u201d. Tobit hab\u00eda sido deportado a N\u00ednive y se hab\u00eda quedado ciego, por lo que era doblemente pobre, pero siempre hab\u00eda tenido una certeza, expresada en el nombre que lleva: \u201cEl Se\u00f1or ha sido mi bien\u201d. Este hombre, que siempre confi\u00f3 en el Se\u00f1or, como buen padre no desea tanto dejarle a su hijo alg\u00fan bien material, cuanto el testimonio del camino a seguir en la vida, por eso le dice: \u00abAcu\u00e9rdate del Se\u00f1or todos los d\u00edas de tu vida, hijo m\u00edo, y no peques deliberadamente ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los d\u00edas de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia\u00bb (4,5).<\/p>\n\n\n\n<p>2. Como se puede apreciar inmediatamente, lo que el anciano Tobit pide a su hijo que recuerde no se limita a un simple acto de memoria o a una oraci\u00f3n dirigida a Dios. Se refiere a gestos concretos que consisten en hacer buenas obras y vivir con justicia. La exhortaci\u00f3n se hace a\u00fan m\u00e1s espec\u00edfica: a todos los que practican la justicia, \u00abda limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana\u00bb (4,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras de este sabio anciano no dejan de sorprendernos. En efecto, no olvidemos que Tobit hab\u00eda perdido la vista precisamente despu\u00e9s de realizar un acto de misericordia. Como \u00e9l mismo cuenta, su vida desde joven estuvo dedicada a hacer obras de caridad: \u00abHice muchas limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas deportados conmigo a N\u00ednive, en el pa\u00eds de los Asirios. [&#8230;] Daba mi pan a los hambrientos, vest\u00eda a los que estaban desnudos y enterraba a mis compatriotas, cuando ve\u00eda que sus cad\u00e1veres eran arrojados por encima de las murallas de N\u00ednive\u00bb (1,3.17).<\/p>\n\n\n\n<p>Por su testimonio de caridad, el rey lo hab\u00eda privado de todos sus bienes, dej\u00e1ndolo completamente pobre. Pero el Se\u00f1or a\u00fan lo necesitaba; habiendo recuperado su puesto como administrador, no tuvo miedo de continuar con su estilo de vida. Escuchemos su relato, que tambi\u00e9n nos habla hoy a nosotros: \u00abEn nuestra fiesta de Pentecost\u00e9s, que es la santa fiesta de las siete Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer. Cuando me encontr\u00e9 con la mesa llena de manjares, le dije a mi hijo Tob\u00edas: \u201cHijo m\u00edo, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en N\u00ednive a alg\u00fan pobre que se acuerde de todo coraz\u00f3n del Se\u00f1or, y tr\u00e1elo para que comparta mi comida. Yo esperar\u00e9 hasta que t\u00fa vuelvas\u201d\u00bb (2,1-2). Ser\u00eda muy significativo si, en la Jornada de los Pobres, esta preocupaci\u00f3n de Tobit fuera tambi\u00e9n la nuestra. Invitar a compartir el almuerzo dominical, despu\u00e9s de haber compartido la Mesa eucar\u00edstica. La Eucarist\u00eda celebrada ser\u00eda realmente criterio de comuni\u00f3n. Por otra parte, si en torno al altar somos conscientes de que todos somos hermanos y hermanas, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s visible ser\u00eda esta fraternidad compartiendo la comida festiva con quien carece de lo necesario!<\/p>\n\n\n\n<p>Tob\u00edas hizo como le hab\u00eda dicho su padre, pero regres\u00f3 con la noticia de que hab\u00edan asesinado a un pobre y lo hab\u00edan abandonado en medio de la plaza. Sin vacilar, el anciano Tobit se levant\u00f3 de la mesa y fue a enterrar a aquel hombre. Al volver a su casa, cansado, se durmi\u00f3 en el patio; sobre los ojos le cay\u00f3 esti\u00e9rcol de unos p\u00e1jaros y se qued\u00f3 ciego (cf. 2,1-10). Iron\u00eda de la suerte: haces un gesto de caridad y te sucede una desgracia. El hecho nos lleva a pensar as\u00ed; pero la fe nos ense\u00f1a a ir m\u00e1s en profundidad. La ceguera de Tobit ser\u00e1 su fuerza para reconocer a\u00fan mejor las numerosas formas de pobreza que le rodeaban. Y el Se\u00f1or se encargar\u00e1 a su tiempo de restituir al anciano padre la vista y la alegr\u00eda de volver a ver a su hijo Tob\u00edas. Cuando lleg\u00f3 ese d\u00eda, Tobit \u00ablo abraz\u00f3 llorando y le dijo: \u201c\u00a1Te veo, hijo m\u00edo, luz de mis ojos!\u201d. Y a\u00f1adi\u00f3: \u201c\u00a1Bendito sea Dios! \u00a1Bendito sea su gran Nombre! \u00a1Benditos sean todos sus santos \u00e1ngeles! \u00a1Que su gran Nombre est\u00e9 sobre nosotros! Benditos sean los \u00e1ngeles por todos los siglos! Porque \u00e9l me hab\u00eda herido, pero [\u2026] ahora veo a mi hijo Tob\u00edas\u201d\u00bb (11,13-15).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Podemos preguntarnos: \u00bfde d\u00f3nde le vienen a Tobit la valent\u00eda y la fuerza interior que le permiten servir a Dios en medio de un pueblo pagano y de amar al pr\u00f3jimo hasta el punto de poner en peligro su propia vida? Estamos frente a un ejemplo extraordinario: Tobit era un esposo fiel y un padre atento; fue deportado lejos de su tierra y sufr\u00eda injustamente; fue perseguido por el rey y por sus vecinos. A pesar de tener un alma tan buena, fue puesto a prueba. Como a menudo nos ense\u00f1a la Sagrada Escritura, Dios no les evita las pruebas a los que hacen el bien. \u00bfC\u00f3mo es posible? No lo hace para humillarnos, sino para afianzar nuestra fe en \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Tobit, en el momento de la prueba, descubre su propia pobreza, que lo hace capaz de reconocer a los pobres. Es fiel a la Ley de Dios y observa los mandamientos, pero esto no le es suficiente. La atenci\u00f3n efectiva hacia los pobres le era posible porque hab\u00eda experimentado la pobreza en su propia carne. Por lo tanto, las palabras que dirige a su hijo Tob\u00edas son su aut\u00e9ntica herencia: \u00abNo apartes tu rostro de <em>ning\u00fan<\/em> pobre\u00bb (4,7). En definitiva, cuando estamos ante un pobre no podemos volver la mirada hacia otra parte, porque eso nos impedir\u00e1 encontrarnos con el rostro del Se\u00f1or Jes\u00fas. Y fij\u00e9monos bien en esa expresi\u00f3n \u00abde <em>ning\u00fan<\/em> pobre\u00bb. Cada uno de ellos es nuestro pr\u00f3jimo. No importa el color de la piel, la condici\u00f3n social, la procedencia. Si soy pobre, puedo reconocer qui\u00e9n es el hermano que realmente me necesita. Estamos llamados a encontrar a cada pobre y a cada tipo de pobreza, sacudiendo de nosotros la indiferencia y la banalidad con las que escudamos un bienestar ilusorio.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Vivimos un momento hist\u00f3rico que no favorece la atenci\u00f3n hacia los m\u00e1s pobres. La llamada al bienestar sube cada vez m\u00e1s de volumen, mientras las voces del que vive en la pobreza se silencian. Se tiende a descuidar todo aquello que no forma parte de los modelos de vida destinados sobre todo a las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes, que son las m\u00e1s fr\u00e1giles frente al cambio cultural en curso. Lo que es desagradable y provoca sufrimiento se pone entre par\u00e9ntesis, mientras que las cualidades f\u00edsicas se exaltan, como si fueran la principal meta a alcanzar. La realidad virtual se apodera de la vida real y los dos mundos se confunden cada vez m\u00e1s f\u00e1cilmente. Los pobres se vuelven im\u00e1genes que pueden conmover por algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginaci\u00f3n. La prisa, cotidiana compa\u00f1era de la vida, impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los dem\u00e1s. La par\u00e1bola del buen samaritano (cf. <em>Lc<\/em> 10,25-37) no es un relato del pasado, interpela el presente de cada uno de nosotros. Delegar en otros es f\u00e1cil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad es un gesto generoso; la vocaci\u00f3n de todo cristiano es implicarse en primera persona.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>5. Agradecemos al Se\u00f1or porque son muchos los hombres y mujeres que viven entregados a los pobres y a los excluidos y que comparten con ellos; personas de todas las edades y condiciones sociales que practican la acogida y se comprometen junto a aquellos que se encuentran en situaciones de marginaci\u00f3n y sufrimiento. No son s\u00faper-hombres, sino \u201cvecinos de casa\u201d que encontramos cada d\u00eda y que en el silencio se hacen pobres y con los pobres. No se limitan a dar algo; escuchan, dialogan, intentan comprender la situaci\u00f3n y sus causas, para dar consejos adecuados y referencias justas. Est\u00e1n atentos a las necesidades materiales y tambi\u00e9n espirituales, a la promoci\u00f3n integral de la persona. El Reino de Dios se hace presente y visible en este servicio generoso y gratuito; es realmente como la semilla ca\u00edda en la tierra buena de estas personas que da fruto (cf. <em>Lc<\/em> 8,4-15). La gratitud hacia tantos voluntarios pide hacerse oraci\u00f3n para que su testimonio pueda ser fecundo.<\/p>\n\n\n\n<p>6. En el 60 aniversario de la Enc\u00edclica <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/em>, es urgente retomar las palabras del santo Papa <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es.html\">Juan XXIII<\/a> cuando escrib\u00eda: \u00abObservamos que [el hombre] tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia m\u00e9dica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee tambi\u00e9n el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por \u00faltimo, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento\u00bb (n. 11).<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1nto trabajo tenemos todav\u00eda por delante para que estas palabras se hagan realidad, tambi\u00e9n por medio de un serio y eficaz compromiso pol\u00edtico y legislativo. Que pueda desarrollarse la solidaridad y la subsidiariedad de tantos ciudadanos que creen en el valor del compromiso voluntario de entrega a los pobres, no obstante los l\u00edmites y en ocasiones las deficiencias de la pol\u00edtica en ver y servir al bien com\u00fan. Se trata ciertamente de estimular y hacer presi\u00f3n para que las instituciones p\u00fablicas cumplan bien su deber; pero no sirve permanecer pasivos en espera de recibir todo \u201cdesde lo alto\u201d; quienes viven en condiciones de pobreza tambi\u00e9n han de ser implicados y acompa\u00f1ados en un proceso de cambio y de responsabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>7. Lamentablemente, debemos constatar una vez m\u00e1s nuevas formas de pobreza que se suman a las que se han descrito anteriormente. Pienso de modo particular en las poblaciones que viven en zonas de guerra, especialmente en los ni\u00f1os privados de un presente sereno y de un futuro digno. Nadie podr\u00e1 acostumbrarse jam\u00e1s a esta situaci\u00f3n; mantengamos vivo cada intento para que la paz se afirme como don del Se\u00f1or Resucitado y fruto del compromiso por la justicia y el di\u00e1logo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco puedo olvidar las especulaciones que, en diversos sectores, llevan a un dram\u00e1tico aumento de los costes que vuelven a much\u00edsimas familias a\u00fan m\u00e1s indigentes. Los salarios se acaban r\u00e1pidamente, obligando a privaciones que atentan contra la dignidad de las personas. Si en una familia se debe elegir entre la comida para subsistir y las medicinas para recuperar la salud, entonces debe hacerse escuchar la voz del que reclama el derecho de ambos bienes, en nombre de la dignidad de la persona humana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo no llamar la atenci\u00f3n, adem\u00e1s, sobre el desorden \u00e9tico que marca el mundo del trabajo? El trato deshumano que se reserva a tantos trabajadores y trabajadoras; la retribuci\u00f3n que no corresponde al trabajo realizado; el flagelo de la precariedad; las excesivas v\u00edctimas de accidentes, provocadas a menudo por una mentalidad que prefiere el beneficio inmediato en detrimento de la seguridad. Vuelven a la mente las palabras de san <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es.html\">Juan Pablo II<\/a>: \u00abEl primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo. [\u2026] El hombre est\u00e1 destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo est\u00e1 \u201cen funci\u00f3n del hombre\u201d y no el hombre \u201cen funci\u00f3n del trabajo\u201d\u00bb (Carta enc. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html\">Laborem exercens<\/a><\/em>, 6).<\/p>\n\n\n\n<p>8. Esta enumeraci\u00f3n, ya de por s\u00ed dram\u00e1tica, describe s\u00f3lo parcialmente las situaciones de pobreza que forman parte de nuestra cotidianidad. No puedo pasar por alto, en particular, un modo de sufrimiento que cada d\u00eda es m\u00e1s evidente y que afecta al mundo juvenil. Cu\u00e1ntas vidas frustradas e incluso suicidios de j\u00f3venes, enga\u00f1ados por una cultura que los lleva a sentirse \u201cincompletos\u201d y \u201cfracasados\u201d. Ayud\u00e9mosles a reaccionar ante estas instigaciones nefastas, para que cada uno pueda encontrar el camino a seguir para adquirir una identidad fuerte y generosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Es f\u00e1cil, hablando de los pobres, caer en la ret\u00f3rica. Tambi\u00e9n es una tentaci\u00f3n insidiosa la de quedarse en las estad\u00edsticas y en los n\u00fameros. Los pobres son personas, tienen rostros, historias, corazones y almas. Son hermanos y hermanas con sus cualidades y defectos, como todos, y es importante entrar en una relaci\u00f3n personal con cada uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Libro de Tob\u00edas nos ense\u00f1a c\u00f3mo actuar de forma concreta con y por los pobres. Es una cuesti\u00f3n de justicia que nos compromete a todos a buscarnos y encontrarnos rec\u00edprocamente, para favorecer la armon\u00eda necesaria, de modo que una comunidad pueda identificarse como tal. Por tanto, el inter\u00e9s por los pobres no se agota en limosnas apresuradas; exige restablecer las justas relaciones interpersonales que han sido afectadas por la pobreza. De ese modo, \u201cno apartar el rostro del pobre\u201d conduce a obtener los beneficios de la misericordia, de la caridad que da sentido y valor a toda la vida cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>9. Nuestra atenci\u00f3n hacia los pobres siempre est\u00e1 marcada por el realismo evang\u00e9lico. Lo que se comparte debe responder a las necesidades concretas de los dem\u00e1s, no se trata de liberarse de lo superfluo. Tambi\u00e9n en esto es necesario el discernimiento, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, para reconocer las verdaderas exigencias de los hermanos y no nuestras propias aspiraciones. Lo que de seguro necesitan con mayor urgencia es nuestra humanidad, nuestro coraz\u00f3n abierto al amor. No lo olvidemos: \u00abEstamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero tambi\u00e9n a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabidur\u00eda que Dios quiere comunicarnos a trav\u00e9s de ellos\u00bb (Exhort. ap. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios\">Evangelii gaudium<\/a><\/em>, 198). La fe nos ense\u00f1a que cada uno de los pobres es hijo de Dios y que en \u00e9l o en ella est\u00e1 presente Cristo: \u00abCada vez que lo hicieron con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, lo hicieron conmigo\u00bb (<em>Mt<\/em> 25,40).<\/p>\n\n\n\n<p>10. Este a\u00f1o se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas. En una p\u00e1gina de su <em>Historia de un alma<\/em> escribi\u00f3: \u00abS\u00ed, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los dem\u00e1s, en no extra\u00f1arse de sus debilidades, en edificarse de los m\u00e1s peque\u00f1os actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprend\u00ed que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del coraz\u00f3n: Nadie, dijo Jes\u00fas, enciende una l\u00e1mpara para meterla debajo del celem\u00edn, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a <em>todos<\/em> los de la casa. Yo pienso que esa l\u00e1mpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no s\u00f3lo a los que me son m\u00e1s queridos, sino a <em>todos<\/em> los que est\u00e1n en la casa, sin exceptuar a nadie\u00bb (Ms C, 12r\u00b0: <em>Obras completas<\/em>, Burgos 2006, 287-288).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta casa que es el mundo, todos tienen derecho a ser iluminados por la caridad, nadie puede ser privado de ella. Que la perseverancia del amor de santa Teresita pueda inspirar nuestros corazones en esta Jornada Mundial, que nos ayude a \u201cno apartar el rostro del pobre\u201d y a mantener nuestra mirada siempre fija en la faz humana y divina de nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Roma, San Juan de Letr\u00e1n, 13 de junio de 2023, Memoria de san Antonio de Padua, patrono de los pobres.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Francisco<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO VII JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario19 de noviembre de 2023 \u00abNo apartes tu rostro del pobre\u00bb (Tb 4,7) 1. La Jornada Mundial de los Pobres, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por s\u00e9ptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez m\u00e1s el contenido central del Evangelio. 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