<script></script>{"id":1215,"date":"2020-07-24T23:17:58","date_gmt":"2020-07-24T23:17:58","guid":{"rendered":"http:\/\/santuariosantarita.org.ar\/wp\/?p=1215"},"modified":"2020-07-24T23:23:22","modified_gmt":"2020-07-24T23:23:22","slug":"1215","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/santuariosantarita.org.ar\/wp\/?p=1215","title":{"rendered":"Enredados, pero no tanto"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size\"><em>El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegr\u00eda, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece tambi\u00e9n a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que ten\u00eda y la compr\u00f3.<br>El Reino de los Cielos se parece tambi\u00e9n a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando est\u00e1 llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sent\u00e1ndose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size\"><em>Mt 13,44-52<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Buen y bendecido domingo, familia. <\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo con la serie de las par\u00e1bolas, hoy Jes\u00fas nos dice que \u00ab<em>El Reino de los Cielos es <\/em>como <em>una red que se arroja al mar y recoge toda clase de peces<\/em>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Por el p. Julio Cura omv<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Esta par\u00e1bola nos ubica en la compleja realidad de nuestra existencia y es como otro aspecto de la par\u00e1bola del <em>trigo y la ciza\u00f1a<\/em> que vimos el domingo pasado puesto que ni la humanidad ni cada uno de nosotros en particular estamos exentos de las influencias del <em>maligno<\/em>, como ocurre hoy con el coronavirus, para poner un ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre hubo y habr\u00e1 <em>luces y sombras<\/em>, actitudes y situaciones que dificultan y obstaculizan el proyecto de salvaci\u00f3n y realizaci\u00f3n del Reino. En este sentido, la <em>red<\/em> es figura de la Iglesia y de la humanidad redimida por Cristo. Podr\u00eda tratarse de una familia, una comunidad, un pueblo, una asociaci\u00f3n, una di\u00f3cesis, una parroquia, una escuela\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Hablo de espacios o \u00e1mbitos que congregan a <em>toda clase de peces<\/em>, o sea, a todo hombre o mujer llamados a vivir seg\u00fan la condici\u00f3n de hijos de un Dios que <em>no hace acepci\u00f3n de personas<\/em> y que quiere que todos se salven por su Hijo Jesucristo, a quien hay que <em>escuchar y seguir<\/em> para alcanzar la plenitud de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a los <em>buenos<\/em> -que creen y esperan y que por eso se proponen vivir en la caridad seg\u00fan las exigencias de la justicia, de la verdad, de la paz, de la solidaridad con los m\u00e1s fr\u00e1giles- coexisten tambi\u00e9n los <em>malos<\/em>, los <em>operadores de iniquidad<\/em>, los que siembran <em>ciza\u00f1a<\/em>, los que obstaculizan o matan la vida, los que sistem\u00e1ticamente ofenden, hieren o destruyen la imagen de Dios en los <em>peque\u00f1os<\/em>&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p>En otras palabras, coexisten los <em>peces buenos y malos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, si trasladamos esta par\u00e1bola a nuestra propia vida, que se nos ha dado como don y oportunidad, descubrimos que tambi\u00e9n nuestros corazones son como un <em>mar <\/em>que alberga <em>toda clase de peces, buenos y malos <\/em>que pugnan entre s\u00ed: prop\u00f3sitos buenos, inquietudes, iniciativas generosas y tambi\u00e9n contradicciones, ego\u00edsmo, inconstancia, miedos, dudas, des\u00e1nimos, prejuicios\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Visto as\u00ed, la par\u00e1bola se convierte en un llamado a la conversi\u00f3n y al cambio de vida. Una invitaci\u00f3n a reconciliarnos, entre nosotros y con los que navegamos en la misma barca. <\/p>\n\n\n\n<p>Estamos transitando un <em>tiempo de misericordia y de perd\u00f3n<\/em>. El Padre sigue haciendo <em>llover sobre justos y pecadores<\/em>, sigue teniendo <em>paciencia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, el Hijo sigue <em>golpeando a la puerta<\/em> de cada coraz\u00f3n, esperando que le <em>abramos y lo dejemos entrar<\/em> <em>para estar juntos y cenar con \u00e9l<\/em> (Ap 3,20). Nos invita a compartir el pan de la Palabra y la mesa eucar\u00edstica. La vida -dice Jes\u00fas- es como una jornada de trabajo: nos invita a trabajar mientras es de d\u00eda porque <em>llega la noche y ya nada se puede hacer&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Por eso <em>el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo<\/em> y tambi\u00e9n se parece<em> a<\/em> <em>un comerciante que busca perlas finas<\/em>. Se trata de un hallazgo que podemos referir a la gracia de Dios, que es valiosa y nos sorprende en el momento menos esperado: <em>la vida eterna est\u00e1 dentro de ustedes<\/em>, nos dice san Juan.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, mientras <em>es de d\u00eda<\/em> estamos llamados a buscar esa <em>perla preciosa<\/em> y ese <em>tesoro escondido<\/em> en nuestro coraz\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Y, para poseerlos, vendamos todo aquello que nos impide vivir en la <em>libertad de los hijos de Dios<\/em>: ego\u00edsmo, c\u00e1lculos, autosuficiencia, miedo al qu\u00e9 dir\u00e1n, perezas, cobard\u00edas&#8230;. <\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, como en la <em>par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a<\/em>, ser\u00e1 el juicio, porque <em>al fin del mundo, vendr\u00e1n los \u00e1ngeles y separar\u00e1n a los malos de los buenos y los arrojar\u00e1n al horno ardiente, donde habr\u00e1 llanto y desesperaci\u00f3n<\/em>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos anime y consuele saber \u00ab<em>que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, &#8230; a los que destin\u00f3 desde un principio a ser como su Hijo &#8230; para que \u00e9l fuera el primog\u00e9nito entre muchos hermanos. Y a los que Dios destin\u00f3 &#8230; tambi\u00e9n los llam\u00f3; y a los que llam\u00f3, los hizo justos, les di\u00f3 parte en su gloria<\/em>\u00bb (Rm 8,28-30).<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda, que alberg\u00f3 en su seno a su Hijo Jes\u00fas, que es el <em>tesoro escondido<\/em> y la <em>perla preciosa<\/em>, nos gu\u00ede y acompa\u00f1e en la b\u00fasqueda del<em> reino de Dios y su justicia<\/em> en la seguridad de que todo lo necesario para el camino <em>se nos dar\u00e1 por a\u00f1adidura<\/em>. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegr\u00eda, vende todo lo que posee y compra el campo. 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