Desde el Santuario, para que podamos estar unidos en la oración en nuestros hogares, te compartimos la palabra del Señor correspondiente al domingo 22 de marzo.

Para que puedas seguirla en tu biblia: es del evangelio de Juan, capítulo 9, de los versículos 1 al 41.

Te comparto sólo un pedacito del relato y que dice así:

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado». El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?».
Unos opinaban: «Es el mismo». «No, respondían otros, es uno que se le parece». El decía: «Soy realmente yo».
Ellos le dijeron: «¿Cómo se te han abierto los ojos?». El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: ‘Ve a lavarte a Siloé’. Yo fui, me lavé y vi».

Y esta es la palabra del Señor


Tomémonos un instante para contemplar este pedacito de una escena que es mucho más amplia y que podés leerla completa en tu propia biblia.

Allí están un mendigo ciego que recupera la vista, Jesús y la gente que quiere comprender lo sucedido.

Comenzar a ver es lo más parecido a darnos cuenta.

Es decir, en este hombre que recuperó la visión nos vemos reflejados todos.

En estos días, en esta situación extraordinaria que vive la comunidad humana, ¿de qué nos estamos dando cuenta?

¿Qué empezamos a ver y que antes no éramos capaces de hacerlo?

Allí también está Jesús, compasivo, que como un alfarero de bendición construye una nueva humanidad.

Contemplando a Jesús haciendo barro nos damos cuenta de qué estamos hechos y de las manos de quién hemos salido.

Somos barro de amor amasados entre sus benditas manos.

Nos sigue creando, nos está moldeando.

No estamos atravesando este tiempo en soledad: él nos está conduciendo.

Le podemos preguntar a Jesús qué humanidad nueva es la que quiere que renazca.

Y allí hay un pueblo, que quiere entender lo que sucede, que pregunta, que escucha, que busca.

En este tiempo vemos que se pone en evidencia y sale a la luz lo que el corazón humano atesora.

Hay quienes siempre piensan en sí mismos y eso atesoran.

Están los que se dan cuenta que sus vidas están realmente conectadas con otras.

Y atesoran vínculos.

Y están quienes, aún en medio de las dificultades, son capaces de dar y cuidar la vida.

¿Y vos? ¿Qué atesorás en tu interior?


Señor Jesús, abrinos los ojos

lavanos el rostro y permitinos ver.

Que nos demos cuenta de qué estamos hechos,

que descubramos que estamos en tu mano

y que nos estás amasando una vez más.

Somos creación de tu amor, cuidanos, Señor;

cuidá nuestra esperanza y sostenenos. Amén.

4 comentarios

  1. Eduardo Gomez dice:

    Gracias por este servicio, nos ayuda en estos momentos a seguir reflexionando la palabra de Dios.

  2. Nora dice:

    De que estamos echos? Creo que cada uno, en este tiempo de «distanciamiento obligatorio», nos damos cuenta de qué estamos echos. Como el ciego, es tiempo de lavarnos los ojos y ver. Es una oportunidad! De ver la necesidad del otro, de sentirnos cercanos, de poder comunicarnos. De extrañar abrazos, besos, apretones de mano…de todas esas cosas que antes hacíamos de rutina, que eran normales.
    Hoy no. Hoy extrañamos lo mínimo. Y creo que está bien. Cuántas cosas van a cambiar, nuestro corazón está preparado para el reecuento. Jesus nos prepara para esto.

  3. Rodolfo Malnati dice:

    Excelente servicio para la comunidad.
    IA reflexión me ha ubicado mejor en mi vida.
    Muchas gracias

  4. Maria Haydee Gauna dice:

    Hermosa reflexión, ayudanos abrir nuestros ojos y ver la realidad que estamos pasando, para discernir nuestras actitudes .

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